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ASPECTOS PSIQUIÁTRICOS DEL SIDA

PÁGINA 3

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Pablo Alberto Chalela Mantilla, M.D.

MÉDICO PSIQUIATRA

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En cuanto a la patología psiquiátrica podemos encontrar los siguientes síndromes:

DEMENCIA

Este trastorno se menciona en la cuarta edición del Manual Diagnostico y Estadístico de los trastornos mentales DSM-IV como la Demencia debida a enfermedad por VIH (294.9). Se trata de la “presencia de una demencia que se considera consecuencia fisiopatológica directa de la enfermedad del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) “; gran proporción de pacientes infectados por el VIH presenta una encefalopatía por VIH; también deberían considerarse otras causas de demencia en estos pacientes: como infecciones, neoplasias del sistema nerviosos central (SNC) y anormalidades del mismo por trastornos sistémicos y endocrinopatías, y respuestas adversas del SNC a fármacos. La demencia asociada al VIH muestra una destrucción multifocal de la materia blanca y de las estructuras subcorticales cuyos síntomas sobresalientes incluyen un funcionamiento lento en la cognición (conocimiento, compresión, razonamiento), memoria empobrecida y dificultad en realizar tareas complejas; hay un deterioro en el funcionamiento diario. Es un signo de mal pronóstico y entre un 50 al 75% de los pacientes con demencia mueren en un plazo de 6 meses.

En la décima edición de la clasificación estadística internacional de las enfermedades y trastornos relacionados con la salud (CIE-10), la demencia en la enfermedad por VIH se menciona dentro de los trastornos mentales orgánicos, incluyendo los sintomáticos; está definida como “un trastorno caracterizado por deficiencias cognoscitivas que cumple criterios clínicos diagnósticos de demencia, en ausencia de enfermedad concurrente u otra enfermedad que no sea infección por VIH que pueda explicar estos hallazgos”. También se incluyen el complejo demencia -SIDA y la encefalopatía por VIH o la encefalitis subaguda.

DELIRIUM

Como lo define el DSM IV, el delirium es una alteración de la conciencia con disminución de la capacidad para centrar, mantener o dirigir la atención; hay un cambio en las funciones cognoscitivas (como déficit de memoria, desorientación, alteración del lenguaje) o presencia de alteraciones perceptivas. Se puede deber a las mismas causas que conducen a la demencia en los pacientes infectados por VIH. Los estados de delirium se clasifican tanto por un aumento como por una disminución de la actividad.

Probablemente este síndrome es infradiagnosticado; al observar el delirium es importante corregir la razón fundamental que lo causa; de otra manera, el riesgo de muerte es alto. Existen muchas fuentes potenciales para causar delirium en pacientes por VIH, la más común es provocada por los efectos secundarios de los medicamentos usados para el tratamiento del VIH y el SIDA. La causa de delirium en pacientes VIH positivos esta en cierta parte ligado a la situación inmunológica del paciente.

TRASTORNOS DE ANSIEDAD

Se pueden presentar cuadros severos dentro de un curso crónico de ansiedad o en un ataque repentino del mismo. Algunos autores informan que los trastornos de ansiedad observados en pacientes con SIDA ocurren con la misma frecuencia con que se aparecen en la población en general. Son usuales el trastorno por ansiedad generalizado, el trastorno por estrés postraumático y el trastorno obsesivo compulsivo.

TRASTORNOS ADAPTATIVOS

Se observa el trastorno de ansiedad o depresión reactiva en un 5 a 20% de los pacientes infectados con VIH; se presenta con mayor incidencia en algunos grupos especiales de población como los que prestan servicio militar y en los encontrados en las prisiones.

ALTERACIONES DEL AFECTO

- Trastornos depresivos

Los cuadros depresivos de moderada intensidad pueden aparecer en cualquier momento dentro del curso de la infección por VIH, pero son más severos cuando se le comunica al paciente su seropositividad; no es raro encontrar en esta circunstancia un gran riesgo de suicidio. Se dice que entre un 4 y 40% de los pacientes infectados cumplen los criterios diagnósticos de una enfermedad depresiva. Hay varios factores relacionados con la depresión en los pacientes con SIDA. Uno de ellos cuando el paciente comprende o entiende que la enfermedad esta avanzada; otra, cuando se percata de la gravedad de la enfermedad; también se asocia con depresión, los trastornos neurológicos hallados con la demencia subcortical y que son similares a la demencia en la enfermedad de Parkinson y la de Huntington. Se considera que la importancia de tratar la depresión
En pacientes con demencia, es porque el estrés y la depresión están vinculadas estrechamente con el deterioro del estado inmunológico.

- Síndromes maníacos

Es frecuente la aparición de estos síndromes como secundarios al trastorno del sistema nervioso central. La infección del VIH en las zonas subcorticales del cerebro con influencia en la regulación y modulación de los estados afectivos impactando la esfera cognoscitiva junto con una oscilación del estado de ánimo, es la razón por la cual se presentan los cuadros maníacos. Es frecuente que estos se exhiban dentro del curso avanzado de la enfermedad. Sin embargo, algunos pacientes con historia personal o familiar de trastorno en el estado de humor pueden sufrir, en el curso más temprano de la enfermedad, síndromes maníacos. Hay una alta prevalencia de estos cuadros en pacientes con demencia. También, la aparición de manía puede ser secundaria al tratamiento con zidovudina.


- Suicidio

La ideación suicida puede ser manifestación de una enfermedad depresiva como expresión del deseo del paciente por tener el control ultimo sobre su vida cuando no tolera los síntomas de la enfermedad. Es lo que algunos autores denominan el “ suicidio racional”, para diferenciarlo de la acción suicida que se presenta en otros contextos. Lógicamente, este aspecto es muy discutido entre muchos clínicos cuando cuestionan que ningún suicidio es “ racional”. Se ha llegado a demostrar que la mayoría de los pacientes terminales que llegaron a cometer suicidio, padecían una severa depresión o tenían alteraciones en las funciones cognitivas que les desviaba los juicios y raciocinios y impidiéndoles tomar decisiones en forma adecuada. Se dice que los pacientes con un grado avanzado en su infección por VIH tiene 30 veces más riesgo de suicidio que los VIH negativos; por esto, se debe practicar una evaluación muy completa del potencial de suicidio en los pacientes con una infección avanzada. Los factores de riesgo de suicidio entre los pacientes infectados son los de tener amigos que fallecieron por el SIDA, por las recaídas, por los escollos sociales relacionados con la homosexualidad, por el deficiente apoyo social y financiero y la presencia de demencia o delirium.


ABUSO DE SUSTANCIAS

El abuso de drogas intravenosas es el factor de mayor riesgo para llegar a tener un VIH positivo; así mismo, el alcohol y el abuso de sustancias pueden conducir a efectos desinhibitorios para los comportamientos sexuales indiscriminados y promiscuos.

Muchos pacientes con VIH se pueden convertir en abusadores y adictos de sustancias psicoactivas por el solo hecho de compensar o aliviar su depresión o ansiedad.


TRASTORNOS PSICÓTICOS

Son trastornos de aparición frecuente con alteraciones en la sensopersepción (alucinaciones visuales o auditivas) y a veces con perturbaciones en el contenido del pensamiento, donde se hacen evidentes delirios de grandeza (que pueden acompañar a los síndromes maníacos) o persecutorios.

Estos trastornos ocurren muchas veces dentro del contexto de un deterioro cognitivo o pueden constituirse como la única manifestación psicopatológica. La clasificación de estos trastornos plantea diversos problemas. Varios de ellos estarían dentro de los trastornos mentales orgánicos. Cuando se presenta la psicosis en el inicio de la enfermedad, se debe descartar la encefalopatía por VIH. También puede coincidir con un trastorno psiquiátrico previo como una esquizofrenia, un trastorno esquizoafectivo o un trastorno esquizofreniforme. Se han descrito episodios psicóticos breves durante la enfermedad. Algunos fármacos usados durante el tratamiento de la enfermedad pueden facilitar sintomatología psicótica por sus efectos psicoactivos o dopaminérgicos.

TRASTORNOS OBSESIVOS

La mayoría de los que lo padecen son pacientes que pertenecen a grupos de alto riesgo, seronegativos y que no tienen la enfermedad, pero su pensamiento contiene ideas obsesivas sobre la posibilidad de contraer el virus.

Algunos se tranquilizan cuando conocen resultados negativos repetidos en los análisis del suero, pero otros permanecen obsesionados e intranquilos con la idea de un período de incubación prolongado; aquí se logra observar síntomas como ansiedad generalizada, crisis de angustia, trastorno obsesivo compulsivo e hipocondría y hasta podrían convertirse en cuadros delirantes.

TRASTORNOS DE PERSONALIDAD

Aunque en propiedad no se distinguen trastornos de personalidad provocados por el VIH o el SIDA no es raro encontrar pacientes que previamente presentaban un trastorno de la personalidad; por lo tanto ambas pueden coexistir. En el DSM IV se hace referencia al cambio de personalidad debido a enfermedad médica y cuya etiología usualmente está relacionada con alteraciones a nivel cerebral. Se expresa como una modificación persistente de la personalidad representada en una variación de las características anteriores del patrón de personalidad en el individuo. Uno de los rasgos predominantes en los cambios de la personalidad, es el ocasionado por el daño en el control de la expresión de las emociones y de los impulsos.

TRASTORNOS DEL SUEÑO

Existe disminución en la calidad del sueño, dificultades en la conciliación del mismo, sueños fragmentados y un despertar temprano; estas alteraciones pueden ser provocadas o no, por los tratamientos farmacológicos o el estrés psicológico.


SINDROMES DOLOROSOS

Ya se está reconociendo los síndromes dolorosos relacionados con la enfermedad del VIH. Los trastornos psiquiátricos pueden complicar la presencia del dolor y muchas veces se requiere la intervención de anestesiólogos, neurólogos e internistas con el personal de salud mental. El dolor suele presentarse como una persistente y desagradable neuropatía senso-motora, con disestesias, disminución de la sensibilidad, reflejos distales reducidos y debilidad distal. Los dolores en el rostro y en el tronco son similares a los que se presentan en las neuralgias postherpéticas. Algunos fármacos utilizados en el tratamiento del SIDA pueden producir cefaléa crónica que incluso persiste luego de la interrupción de los mismos (por ejemplo con la zidovudina).

ASPECTOS DEL TRATAMIENTO

Aunque el propósito de este capítulo no pretende profundizar sobre el tratamiento médico integral en la infección por VIH SIDA, vamos a mencionar algunas consideraciones dentro del abordaje psicofarmacoterapéutico.

Es necesario un acercamiento y trabajo multidisciplinario en donde un equipo de salud mental forme parte del grupo terapéutico; sus integrantes deberán estar familiarizados con la evolución y manejo tanto psicoterapéutico, conductual, y psicofarmacológico conociendo a su vez las complicaciones médicas de la enfermedad y de los tratamientos empleados. Sabemos que en cuanto a la intervención psiquiátrica cada vez es más frecuente la administración de psicofármacos en este tipo de pacientes. De igual manera, dentro de los avances en el tratamiento médico en la infección por VIH, cada vez toma más fuerza la importancia que tiene la psicoterapia como el eje central en la asistencia y en el apoyo de estos pacientes; algunos autores consideran que es quizás en esta enfermedad, más que ninguna otra existe la gran relación entre los síntomas físicos y psicológicos.
La Organización Mundial de la Salud ha recomendado una serie de medidas para tener en cuenta cuando se participa en el manejo con los enfermos de SIDA siendo bastante sencillas y que establecidas dentro de un protocolo diario hacen que aparte de la buena voluntad y dedicación se logre estar bien preparado para que todas las intervenciones busquen facilitar los mecanismos adaptativos y así afrontar la enfermedad, tanto en el paciente como con el equipo multidisciplinario. El grupo de profesionales adiestrados en estas tareas deberá estar en capacidad de abordar el tema, teniendo muy claro los planteamientos que se le harán a los enfermos de acuerdo con la situación psicológica especial que esté cursando e intentar modificar hábitos de conducta.

Las intervenciones psicoterapéuticas son necesarias en el manejo del paciente seropositivo, aunque esté asintomático; asociado al SIDA se originan muchas reacciones cargadas de afectividad que es necesario reconocer y controlar. El comprender la constelación de reacciones emocionales que promueve el SIDA, el predeterminar sus consecuencias e introducir en los enfermos un espacio en donde asuman su enfermedad, se constituye en una de las tareas primordiales del psicoterapeuta.

Para poder afrontar la enfermedad estos pacientes requieren gran apoyo familiar, por que demandan mayor cariño y atención. En lo posible hay que tratar de inculcarles valores que les conduzca a tolerar su situación y cumplir las indicaciones terapéuticas. Se debe estar alerta a las nuevas circunstancias sociales y familiares que se generan fortaleciendo valores para que le den más sentido a su vida. Una gran ayuda en la asistencia a los pacientes y a sus familiares la conforman la creación de grupos de autoayuda.

De todas maneras, lo que aún constituye como fundamental en el abordaje de la infección por VIH es la prevención; esto implica proteger a las personas que contraen la enfermedad (prevención primaria) y de modificar el curso de la misma (prevención secundaria). La información sobre prácticas sexuales seguras y el evitar compartir agujas hipodérmicas contaminadas, hace parte del programa de información que conlleva la prevención. Infortunadamente, algunas medidas preventivas se complican dada la complejidad de los valores socio- culturales y religiosos que rodean a la orientación sexual, control de la natalidad y el abuso de sustancias.
Es por esto, que al igual que se debe evaluar integralmente aun paciente se debe conocer muy claramente los sistemas de apoyo con los que él cuenta. Así mismo, la neutralidad que debe asumir el terapeuta debe ser de tal manera en que el paciente no se sienta juzgado en sus comportamientos presentes o pasados. Es definitivo el calor y el sentimiento de confianza con la empatía en el paciente. La comunidad homosexual ha fortalecido la red de apoyo a las personas infectadas por VIH, tanto a los homosexuales como bisexuales y por supuesto no se debe desconocer la participación de este grupo de personas en el tratamiento de los enfermos.

FARMACOTERAPIA

Nombremos algunos fármacos utilizados en el tratamiento de la infección por VIH:

1) Análogos de nucleósdidos inhibidores de la transcriptasa


Didanosina

Lamivudina

Estaduvina

Zalcitabina

Zidovudina

2) Inhibidores de transcriptasa no nucleósidos

Delavirdina

Viviratina

3) Inhibidores de proteasa

Indinavir

Ritonavir

Saquinavir


En la psicofarmacoterapia nuevamente se hace énfasis sobre la importancia de un manejo paralelo psicoterapéutico; una vez identificado el síndrome que esté cursando se deberá elegir el psicofármaco de mayor utilidad con un perfil de seguridad muy amplio conociendo los mecanismos de interacción con otras medidas farmacológicas. Obviamente lo fundamental es tratar la enfermedad de base sin tener que recurrir a la polifarmacia; esta última es una práctica que muchas veces realizamos y que de pronto lo que inconscientemente hacemos es “ alejarnos “ del paciente aunque conscientemente nuestra pretensión sea el ayudarlo. No podemos desconocer que esta enfermedad moviliza muchas inquietudes y prejuicios internos.

En la demencia no existe un tratamiento específico para el desorden cognitivo. La zidovudina ha mostrado mejoría en los trastornos asociados a este síndrome y también ha sido útil, en algunos casos en la prevención del inicio de la encefalopatía por VIH. Dado que los pacientes infectados por VIH son susceptibles de padecer delirium, se deberá evitar la formulación de medicamentos psicoactivos con actividad anticolinérgica significativa. Sin embargo puede ser necesario el uso de antagonistas dopaminérgicos como el haloperidol para el control de la agitación, buscando la dosis más baja y efectiva posible, tratando de evitar la aparición del síndrome neuroléptico maligno que nos complicaría la situación. Hasta donde sea posible se debería evitar el uso de benzodiacepinas que podrían crear mayor confusión y compromiso en la función cognitiva; si son necesarias, lo más recomendable es usarlas en una mínima dosis o menor que la dosis usual. Igualmente, si están indicados los antidepresivos u otros antipsicóticos, lo mejor es hacerlo en concentraciones bajas.

En los trastornos de ansiedad, la psicoterapia es más adecuada; pero si se requiere la medicación ansiolítica se recomiendan las benzodiacepinas y los tranquilizantes no benzodiacepínicos (como buspirona); igualmente algunos antidepresivos pueden ser beneficiosos. En las benzodiacepinas se prefieren las de vida media corta o media.

En los síndromes depresivos no es recomendable el uso de antidepresivos en dosis agresivas al inicio del tratamiento; éstas deben incrementarse lentamente hasta el rango terapéutico; son efectivos los tricíclicos y los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y aquellos que posean muy poca actividad anticolinérgica. Si no hay mejoría con los antidepresivos luego del tiempo y la dosis razonablemente esperada, se recomiendan los fármacos simpaticomiméticos o psicoestimulantes como metilfenidato, dextroanfetamina o pemolina. Muchos prefieren el metilfenidato. De todas maneras hay que tener muy en cuenta las contraindicaciones que tienen los psicoestimulantes en los abusadores o adictos de fármacos, en algunos pacientes con trastornos del sistema nervioso central, en arritmias cardiacas y en hipertensión. La terapia electroconvulsiva es efectiva en pacientes cuya depresión exige un tratamiento urgente o han fracasado otras medidas farmacológicas; al tenerla en cuenta se deberá descartar la ausencia de aumento de presión intracraneal y en las lesiones del sistema nervioso central que ocupen espacio.

En los síndromes maníacos se acude a los antipsicóticos en dosis bajas como el haloperidol y la risperidona o con los que el clínico esté mejor familiarizado; el clonazepam ha sido de gran utilidad si el paciente no tolera antipsicóticos o el carbonato de litio. Este último se recomienda como tratamiento en pacientes que exhiben un síndrome maníaco y están en tratamiento con zidovudina; también en aquellos pacientes con trastorno bipolar I y que anteriormente hubieran recibido el litio. Por supuesto que el manejo con el carbonato de litio deberá ser del especialista quien conoce todos los argumentos para su adecuado control. Los anticonvulsivantes moduladores del afecto como la carbamazepina y el ácido valproico también son efectivos en los síndromes maníacos aunque con la carbamazepina hay que tener la precaución de la aparición de discrasias sanguíneas graves (1 de cada 125.000 pacientes) y que no exista evidencia de supresión de la médula ósea. Los anticonvulsivantes son tenidos en cuenta cuando hay descontrol episódico de la conducta. En los trastornos del sueño se hacen manejos sintomáticos con agentes no benzodiacepínicos como el trazodone. En los síndromes dolorosos, aparte de reconocer y mejorar la situación que los origina, son útiles los antidepresivos tricíclicos en dosis bajas o la dosis ajustada para cada paciente. Igualmente, la fenitoína o carbamazepina pueden ser formuladas en las mismas concentraciones terapéuticas para el control de las crisis convulsivas. En la neuralgia post-herpética se podrá tener en cuenta la capsaicina tópica y el clonazepam. Los agentes anti-inflamatorios no esteroides pueden ser tenidos en cuenta en algunos procesos específicos aunque el acetaminofén deberá ser evitado porque puede disminuir el metabolismo de la zidovudina.

En los trastornos psicóticos se emplean los psicofármacos que menos efectos extrapiramidales provoquen pero que logren controlar la sintomatología. Se recomiendan haloperidol, tioridazina, flufenazina, molindona, clorpromazina y los antipsicóticos con los que el clínico esté perfectamente familiarizado y en los que pueda preveer o vigilar los efectos secundarios desagradables.

PSICOTERAPIA

Esta deberá centrarse en identificar o reconocer los aspectos psicodinámicos más relevantes como son la culpabilidad, la autoestima y lo relacionado con la muerte. Algunos pacientes asumen el desarrollo del SIDA como un castigo por su estilo de vida y por ello se debe analizar muy bien los sentimientos de culpa. Aparecen, también, preocupaciones por la divulgación que se pueda tener de su enfermedad en su trabajo, en su núcleo familiar y social, con los seguros de vida y con aspectos religiosos. Se recomienda la terapia individual breve o de larga duración y de apoyo, cognoscitiva, conductual o psicodinámica. La terapia en grupo también es efectiva. En ocasiones se complementa la psicoterapia con ansiolíticos durante un corto tiempo (máximo tres semanas). Muy importante, saber orientar y aconsejar a los abusadores de sustancias y a los miembros sanos de grupos de alto riesgo. A veces es necesaria la psicoterapia breve, intensiva y de urgencia en las etapas iniciales de la enfermedad con un trabajo directo hacia la introspección. En los terapeutas se deben reconocer los fenómenos contratransferenciales para que no interfieran en el tratamiento con los pacientes.

Con frecuencia se ha identificado el Síndrome de Burnout o Síndrome de desgaste en los terapeutas que manejan pacientes infectados por VIH. Se ha demostrado que los terapeutas que valoran un gran número de pacientes infectados por VIH en un corto período de tiempo están más expuestos al estrés que aquellos que atienden menos durante más tiempo. Además los terapeutas que hacen frente a esta enfermedad, tienden a sufrir algunos problemas como es el temor al contagio, la incomodidad en el manejo de los trastornos emocionales, y pueden sentirse afectados por los relatos que algunos pacientes hacen y que seguramente son contrarios al del personal en salud. El Síndrome de Burnout o de desgaste se caracteriza por pérdida progresiva de idealismo y de objetivos, fatiga crónica, cefalea, insomnio, trastornos gastrointestinales, pérdida de peso, dolores inespecíficos y diversos, asociados con algunos síntomas depresivos como inseguridad, pesimismo, irritabilidad, dificultad en la concentración, tristeza, falta de energía y hasta desinterés por el paciente. Es importante saber prevenir al terapeuta ya que esto logra afectar su calidad en la atención profesional y a su vida personal y familiar.

Claro que hay que tener muy en cuenta la particularidad de cada terapeuta y sus condiciones laborales. También ellos tienen su historia psicológica personal.

Lo que logra disminuir el Síndrome de Burnout es el advertir de esta situación, reforzar las medidas de apoyo social con un reconocimiento adecuado, emplear condiciones de trabajo más flexibles como rotación de áreas, tiempos de descanso y participación en las normas de organización.

En los niños que padecen de SIDA se les debe rodear de todo el cariño y comprensión posible, permitiéndoles que continúen su vida dentro de un absoluto marco de armonía y tranquilidad. Muchos de ellos requerirán escolarización especial, asistencia en hogares protegidos o residencias adoptivas si sus progenitores no pueden ocuparse de ellos. Aquellos que no tengan trastornos neurológicos incapacitantes podrán asistir a colegios normales sin que expongan a sus compañeros en riesgo de infección con tan solo algunas normas de conductas sanas y razonables.

El SIDA es una enfermedad no solamente mortal; es también una enfermedad que genera mucho sufrimiento humano, muchos juicios inadecuados, muchos aspectos desconocidos y que solamente con una gran dedicación y mística que con nuestro trabajo y por nuestros pacientes, sabremos mitigar.

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Pablo Alberto Chalela Mantilla, M.D.
Médico Psiquiatra

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